martes, 11 de julio de 2017

Preparación de la nueva travesía Tirreno 2017

Ya he empezado a preparar mi incorporación a una nueva travesía, la Tirreno 2017. Y he empezado a escribir su blog, aunque solo a nivel de la planificación de aquella. En ella recorreremos, partiendo de Malta, la isla de Sicilia tanto por su costa Este como por la Norte, además de visitar los archipiélagos de las Eólicas y las Egadas. De allí saltaremos al sur de Cerdeña, y tras varias recaladas en ella, navegaremos rumbo Menorca, antes de pasar a Mallorca, en donde finalizará la travesía.

El enlace a ese nuevo blog es


En él expondré a mi regreso la experiencias vividas a lo largo de las cuatro semanas y media que durará la travesía. Os emplazo allí en unas ocho semanas. Que tengáis un buen verano.

martes, 25 de abril de 2017

Epilogo

Llega el momento de hacer un resumen de la travesía, y concluir así este blog. Como ya he dicho en anteriores ocasiones, la preparación de los epílogos me lleva cierto tiempo, algo mayor al de la narración de las distintas singladuras, debido a que no tengo en mi cuaderno de bitácora notas preparadas para ello. Pero creo que es conveniente cerrarlo con un breve capítulo sobre la experiencia vivida, y ya comentada, que en este caso ha sido por aguas caribeñas.

En primer lugar quiero agradecer a Ignacio OdM y a Susana O la cariñosa invitación para compartir con ellos, de nuevo, una travesía en su catamarán Vitamina. En esta ocasión han sido tres espléndidas semanas las que hemos estado juntos. Siempre es un placer encontrarse con viejos y entrañables amigos, a los que me une un bonito pasado. Y si ese encuentro se produce a bordo de un barco y navegando, el placer es muchísimo mayor. Muchas veces he comentado el privilegio que supone para mí el tener amigos como Ignacio y su mujer.

También quiero agradecer, y de una forma muy especial, a Armando GO por sus magníficos vídeos, que me han permitido sacar buenos snapshots, tanto sobre la vida submarina como en superficie. Sin esas imágenes, que tan amablemente ha aportado él al blog, éste hubiera quedado incompleto. Armando tiene un gran dominio de la cámara, con una larga experiencia de casi cincuenta años. Muchas han sido las cámaras de cine y de vídeo que ha manejado en esos años, desde la mítica Beaulieu de los años sesenta y setenta hasta la actual Hero4. Para mí ha sido fantástico el compartir esta travesía con una persona como Armando.

Toda esta tripulación no solo tiene una gran experiencia como navegantes, sino también una interesante actitud vital. Esto unido al magnífico sentido del humor de ellos, ha hecho que esta travesía haya sido una experiencia memorable. En total hemos recalado en una docena de islas e islotes de las Pequeñas Antillas. Por supuesto, como refleja bien el croquis adjunto, han quedado sin ser visitadas otras islas al igual que otras calas en esas mismas islas en las que sí hemos recalado.


El Caribe suscita muchas fantasías en las personas de nuestro entorno geográfico, fantasías que a veces son encontradas entre sí. Por un lado, tenemos la fantasía de las islas caribeñas como auténticos paraísos, como lugares en los que existe "el placer de forma ilimitada", es decir, la dolce vita o el dolce far niente. Por otro lado, en nuestra retina surgen las imágenes de destrucción debidas a devastadores meteos, como son los huracanes de la época estival. O también las de tremendas erupciones volcánicas, que en ocasiones asolan estas islas, de origen volcánico. A todo ello se añade el recuerdo de su pasado como islas refugio de piratas y corsarios en los siglos XVI a XVIII. Aquellos piratas eran encarnizados enemigos de los intereses españoles en el Nuevo Mundo, abordando a lo largo de aquellos siglos numerosos galeones españoles en su derrota hacia la Península. Aquel tipo de piratería genera sentimientos ambivalentes, de anarquía y destrucción por un lado, pero también de "romántica" oposición frente al "sistema vigente", por otro. Hoy en día la piratería que existe en las Antillas meridionales ya no genera, en absoluto, esa simpatía entre los navegantes, pues ahora son ellos sus víctimas. Y esto ya no tiene gracia alguna.

Todas esas fantasías tienen un nexo común: la vivencia expansiva, libre de las constricciones que nos impone la vida actual. El lado positivo de esa fantasía, de ese sueño, es la búsqueda de nuevas experiencias de bienestar personal. La "otra cara de la luna" de esa dolce vita es mas negativa y de carácter mas destructor, pero procuramos obviarla. En general, el placer pesa mas que el displacer, gracias a lo cual está mas extendida la búsqueda de mundos míticos positivos, aunque éstos se encuentren fuera de nuestro horizonte natural. El Caribe es uno de esos mundos míticos soñados, deseados.


Centrémonos ahora en el Caribe como zona de navegación. Mi experiencia en estas aguas se reduce a esta travesía, que además ha tenido lugar en su época seca. Ello no significa, como he comentado en alguna de las singladuras, que no se den fuertes chubascos o que muchas noches no deje de llover. Pero comparada esta época con otras épocas del año, ésta que hemos vivido es bastante mas seca. Esta es una diferencia respecto al clima mediterráneo, que es mucho mas estable, y mas seco. La lluvia en el Caribe convierte a sus islas en vergeles, con vegetación muy tupida.



Aunque en el interior y en los altos, en los montes, de las islas existen edificaciones y pueblos, los núcleos de población mas importantes se encuentran en general en la costa, en torno a playas o calas. Con frecuencia esos núcleos solo constan de un par de líneas de edificios a lo largo de dichas playas, separados entre sí por un camino o carretera. La vegetación que existe tierra a dentro es tremendamente tupida. Cuando veíamos esa vegetación nos imaginábamos a aquellos marineros que desembarcaban en condiciones precarias por primera vez en estas islas, allá por finales del S.XV o principios del S.XVI. No tenían otra alternativa que abrirse paso a machetazos, y seguro que ésto con mucha dificultad.



Las edificaciones suelen tener fachadas muy coloridas, con ese estilo "caribeño" que todos conocemos. Muchos de los edificios recuerdan al pasado colonial de estas islas, siempre bajo dominio de alguna potencia europea.



El mar del Caribe tiene una ola mas alta, algo mas alta, y mas larga que el oleaje existente en el Mediterráneo. A pesar de su proximidad al Atlántico, en el Caribe no existen mareas relevantes. Sin embargo, sí existen corrientes marinas en los pasos y canales entre islas, lo que se debe a la orografía de las costas de dichas islas y de sus fondos.



Sus costas no son, en general, "costas limpias", existiendo muchos bajos y arrecifes. Muchos de ellos emergen a la superficie, pero otros muchos no. Bastantes de esos bajos, o arrecifes bajo la superficie, están bien balizados, y todos están marcados en las cartas náuticas, tanto impresas como electrónicas. A pesar de ello, su existencia supone un riesgo para la navegación, complicando la aproximación a islas y fondeaderos.



Los fondos suelen ser coralinos, por lo que están protegidos, con prohibición expresa de anclar en muchos fondeaderos. En dichas calas existen boyas a las que amarrar el barco, aunque a veces en número insuficiente para la actual afluencia de barcos a ellos.



En relación a la fauna, el Caribe es un mar vivo, muy vivo, con multitud de especies marinas. Los corales que cubren los fondos sirven de refugio a estas especies. Y en los arrecifes se pueden observar, a poca profundidad, infinidad de peces, y para ello solo hace falta el snorkel, la tuba. Dado ese carácter coralino de los fondosel paso de algún temporal, mas o menos intenso, enturbia el agua al quedar durante días polvo coralino en suspensión. En los fondos de arena, al ser ésta mas pesada, tras esos temporales aquella se deposita en el fondo con mayor rapidez, quedando antes transparente el agua.




El turismo náutico en el Caribe está muy desarrollado, existiendo numerosas, y grandes, marinas en las islas principales. Por ello, es difícil encontrar una cala solitaria, libre de barcos. Aquí no existe, prácticamente, esa soledad en el fondeadero que con frecuencia buscamos los navegantes

El Caribe tiene una característica que comparte con el Mediterráneo oriental, el Egeo: en ambos se da la circunstancia de navegar siempre, o casi siempre, con alguna isla a la vista. Esto le convierte en un mar muy adecuado para pequeñas travesías de una semana o semana y media de duración, ya que en ese tiempo es posible conocer varias islas, y fondear en calas diferentes. Esto es especialmente cierto en el archipiélago de las islas Vírgenes. 



En el caso del resto de las Antillas, aunque con frecuencia estén situadas las islas a pocas millas - menos de treinta millas - unas de otras, el hecho de que cada isla pertenezca a un país diferente dificulta la movilidad entre ellas. Esto se debe a que cada uno de esos países exige el despacho de entrada, y después el de salida, a los barcos que entran en sus aguas. Esta es una situación semejante a la existente en el Egeo, donde existen islas griegas a pocas millas de la costa turca. Tanto en uno como en otro caso, yo echo en falta la existencia de acuerdos internacionales entre países limítrofes que posibiliten una fácil navegación entre ellos. Sin embargo, esto me parece una utopía a la vista de la actual situación política internacional.



La población de estas islas es amable, muy amable, cuidando al turista, ya que son conscientes de que estos constituyen su fuente de ingresos. Existen dos tipos diferentes de caribeños, los isleños propiamente dichos y los inmigrantes europeos o americanos, que se han afincado en estas islas, con negocios en ellas. El contacto que, a mi al menos, me parece mas cercano y mas fluido es el que se da con esos inmigrantes. Los isleños permanecen algo mas distanciados, aunque el encuentro con ellos también es amable.

Como en todos mis blogs, los materiales que he utilizado para escribir las distintas singladuras son las notas diarias de mi cuaderno de bitácora, las fotografías tomadas en esos días, y croquis elaborados a partir de cartas náuticas y derroteros. En este caso también he incorporado numerosos fotogramas que Armando me ha proporcionado con sus vídeos.






miércoles, 19 de abril de 2017

Singladura num. 20 Fondeamos en la laguna interior

Hoy me he levantado a las 07.10 HRB y veinte minutos mas tarde ya tenía hecha, y cerrada, mi bolsa de viaje. Como yo suelo mantener en ella prácticamente toda la ropa durante la travesía, el hacerla es muy rápido. Solo hay que meter los pantalones y chaquetas que sí cuelgo en el armario del camarote. Y la bolsa de la cámara fotográfica también la mantengo siempre organizada, sacando solo lo que voy necesitando.

Ayer por la tarde me debieron picar muchos jejenes ya que esta mañana me he levantado lleno de picaduras. Posiblemente fuera en el parking del Waikiki dado el viento que había, y que traía la arena de la playa a la vez que movía los arbustos en los que suelen estar esas moscas negras. El efecto de la picadura de dichos insectos no es inmediato, notándose pasadas unas horas.



Esta mañana, a las 08.00 HRB, el viento era de levante y fuerza 5, teniendo marejada del Norte en la misma bahía. La perspectiva para el resto del día con ese viento y esas olas de mas de medio metro no era muy halagüeña. Al salir Ignacio quince minutos mas tarde a cubierta, la decisión a tomar estaba clara: había que pasar el puente y entrar en la laguna interior, donde al menos la mar es mas baja.



A las 08.45 HRB hemos puesto motores, iniciando la maniobra de leva de ancla. Hoy esa marejada con una bahía bastante ocupada, complicaba dicha maniobra. Sin embargo, con las indicaciones de Ignacio desde proa en relación a la cadena según iba subiendo, y manejando ambos motores, ha sido fácil levar ancla. Este es un barco cuyos motores, de 100 cv cada uno de ellos, responden muy bien. Después Ignacio ha tomado el timón, y hemos iniciado la aproximación a las balizas de entrada al canal. Estábamos en segundo lugar en la cola de espera, detrás de otro catamarán. Ignacio ha aprovechado el tiempo hablando por radio con una pareja francesa que nos ha comunicado su plan de continuar rumbo a Miami, una vez pasara este temporal.



A las 09.00 HRB se ha abierto el puente, teniendo prioridad de paso primero los barcos que salen de la laguna. Hoy, con el día que hace, solo ha salido uno. A continuación hemos procedido a entrar en el canal, haciendo surf hasta antes de la estación de servicio debido a la ola entrante desde la bahía.



La luz de este puente es bastante justa para la manga del Vitamina, quedando apenas 50 cm libres a cada lado. De hecho ha habido mas de un accidente de veleros que se han dejado el mástil en este puente, al chocar contra la plataforma.



Nosotros lo hemos pasado a las 09.10 HRB. Justo nada mas salir del puente, el operador de éste ha felicitado por radio a Ignacio por la forma en que ha llevado a cabo toda la maniobra de paso  por el canal y el puente.



Una vez dentro de la laguna, el canal sigue estando muy bien balizado, aunque la existencia de algunos veleros fondeados fuera de él puede llevar a engaño sobre el calado en esas zonas exteriores al canal. Normalmente cuando un canal está balizado es que hay que mantenerse siempre dentro de él.



Al poco de entrar en la laguna hemos virado hacia poniente, saliendo un poco de la línea de balizas. En ese momento hemos varado, con gran susto por nuestra parte. Esta varada ha sido sin embargo muy corta, ya que Ignacio ha metido motores atrás, de forma suave pero firme, siendo el fondo de arena. De esta forma hemos librado enseguida la posición, fondeando finalmente en So(18º 03´,3 N, 063º 05´,9 W).



A continuación hemos desayunado, tomando hoy también huevos fritos con crujientes tiras de bacon. Después yo he estado disfrutando de las vistas que hay allí desde el barco. En esta laguna, como ya he dicho con anterioridad, existen barcos varados y abandonados. Y no solo se trata de veleros o pequeñas motoras, sino también de mercantes.



En esas primeras horas de la tarde ha hecho sol y también ha llovido intensamente. Estamos en la época seca del Caribe pero ello no quiere decir que no existan fortísimos chubascos.




Además he aprovechado para repasar las notas de mi cuaderno de bitácora relativas a la historia de estas islas, al igual que las anotaciones sobre nuestras pasadas singladuras.



Aunque no teníamos mucha ola, si había bastante viento y la continua amenaza de lluvia. Por ello no tenía sentido el ir en la zodiac hasta el mismo aeropuerto, que es otra opción posible desde el fondeo en el que nos encontrábamos. Era mejor bajar a tierra en Port Royale, esa pequeña marina de Marigot. 



Tras botar la zodiac, Ignacio me ha llevado a las 12.30 HRB al muelle de dinghies de aquella marina. Una vez en tierra, y mientras Ignacio volvía a recoger a Susana, me he sentado en una mesa de "Le Sous Marine" a tomar una cerveza. Después nos hemos quedado los tres a comer en este chiringuito. Ha sido mi comida de despedida de Marigot.

Tras la comida hemos ido en coche al aeropuerto internacional, pasando primero por una lavandería. Al llegar al aeropuerto me he despedido de Ignacio y Susana, pasando a facturar mi bolsa, y después los controles de pasaporte y seguridad. A media tarde ha salido mi vuelo a Paris, donde enlazaré con otro a Madrid.

martes, 18 de abril de 2017

Día num. 22 Recorrido por la isla de St. Martin

La duda que hoy teníamos era si navegábamos hasta Anguila para visitar la isla, o recorríamos St. Martin por el interior. Mañana es mi último día a bordo y la primera opción era un poco precipitada. En efecto, ello hubiera supuesto hacer temprano el despacho de salida aquí en Marigot, hacer después el de entrada y el de salida en Anguila y mas tarde otra vez el de entrada en St. Martin. 


Todo esto supone una pérdida de tiempo, lo que para un día no compensaba, aun estando Anguila a pocas millas de Marigot. Este es uno de los problemas, en mi opinión, de las Antillas Pequeñas, las cuales que pertenecen a distintos países cada uno de los cuales exige el cumplimiento de dichos procedimientos marítimos.



Después de tomar la decisión de recorrer St. Martin, hemos desayunado zarpando en la zodiac a las 09.30 HRB hacia el muelle.



En primer lugar nos hemos dirigido en el coche a Philipsburg, la capital de la parte holandesa de la isla. Hasta la línea de frontera entre ambas zonas, la francesa y la holandesa, el tráfico iba muy bien, pero nada mas pasar esa línea empezó el habitual atasco de la mañana en esa carretera.



En Philipsburg hemos aparcado, con ayuda de un viejo hombre de la seguridad local, en la calle comercial principal. De ahí hemos ido directamente al paseo marítimo ya que era bastante pronto y el Sol todavía no pegaba mucho.




Allí hemos paseado, viendo la playa y los dos largos terminales de cruceros del puerto, todo ello vacío a esa hora de la mañana.



Donde sí había gente era en los chiringuitos cercanos a la playa, en los cuales estaban desayunando esos turistas.



Cuando hemos llegado a la altura en la que la calle comercial se hace peatonal, hemos pasado a ella. Es donde están las joyerías y tiendas de electrónica, además de algún restaurante, edificios administrativos como los juzgados, y alguna iglesia. 



Las tiendas de esta calle viven del turismo, tanto del que se aloja en hoteles y resorts, como del que llega en cruceros. Hay días en que hay tres o cuatro cruceros atracados en sus terminales del puerto. Hemos entrado en varias de las tiendas de electrónica sin encontrar los accesorios para la cámara de vídeo que llevamos días buscando.



Después nos hemos sentado un rato en una terraza para tomarnos tranquilamente una cerveza, antes de proseguir nuestro periplo. La calle comercial está justo a espaldas de la playa, y desde ésta llega por los callejones, que comunican ambas vías urbanas, una agradable brisa a aquella.



Tras el aperitivo hemos ido por la costa Este hasta Oyster Pond. En esa pequeña bahía se encuentra la linea divisoria entre la parte francesa y la holandesa. Esta línea atraviesa una marina en la que existen casas con embarcadero propio. Al lado de dicha marina está una conocida terraza a pie de playa, la del "Captain Oliver", que hoy estaba llena de gente a la hora que hemos llegado.



Al no encontrar un buen sitio en ese chiringuito, hemos continuado hacia el Norte, parándonos en el puesto de observación de la reserva natural de Baie des Flamands. Desde él se pueden observar aves muy diversas y también ballenas en su época de paso.



También se divisa desde esta posición la isla de St. Barth, y delante de ella Fourchue, la isla donde recalamos hace unos días. En esta costa de levante el viento estaba subiendo y la mar también. Por el Norte venía, además, un importante frente nuboso.



La siguiente parada ha sido en Orient Bay, bahía que está algo mas al Norte. En concreto hemos ido al restaurante "Waikiki". Este es un restaurante-"bar de copas" a pie de playa, en el que hay un buen buffet de lunes a viernes, y de 12 h a 15 h. Después de esa hora y en fines de semana, es un bar de copas de mucho éxito.



En él hemos comido espléndidamente. Nuestra idea inicial era bañarnos en la playa antes de comer, pero cuando hemos llegado se ha levantado un vendaval, que lanzaba la fina arena de la playa contra los ventanales del Waikiki. Y ha empezado a llover.



Tras la comida y dejar de llover, hemos ido al coche para regresar a Marigot. Nuestra sorpresa, desagradable sorpresa, ha sido que el motor no arrancaba: se había quedado sin batería. En ese momento ya no quedaban muchos coches en ese apartado parking. A la primera persona, un hombre, que ha ido a por su vehículo al parking, le hemos pedido ayuda, pero nos ha dicho que él no llevaba cables para unir su batería a la nuestra. Y al ser nuestro coche automático no podíamos arrancarlo a base de empujarle.



El siguiente hombre que ha llegado al parking, y al que le hemos pedido ayuda, sí tenía esos cables. Tras varios intentos fallidos, ha terminado arrancando nuestro coche. A partir de ese momento, ya no hemos quitado el motor en ninguna de nuestras tres siguientes paradas, antes de llegar al parking del paseo marítimo de Marigot.



A las 16.30 HRB hemos embarcado de nuevo. El resto de la tarde lo hemos pasado tranquilamente a bordo, leyendo, oyendo música y charlando.

Hemos visto como algunos barcos levaban ancla y pasaban el canal en el puente de la tarde. Al no ver fondeado el catamarán de aquel amigo empresario español, con el que nos encontramos en la zodiac hace días al regresar de Port Royale, Susana le ha llamado. Él le ha dicho que la predicción meteorológica para mañana es bastante mala, por lo que han preferido refugiarse en la laguna interior. Nosotros hemos decidido esperar a ver como amanece mañana y decidir después lo que hacer.

lunes, 17 de abril de 2017

Dia num. 21 Estancia en Marigot

A las 08.00 HRB la mar estaba en calma, y apenas había brisa. Sin embargo, estaba lloviznando. Poco después ha empezado a despejar, como suele suceder por las mañanas.



Poco antes de las ocho y media se ha acercado una zodiac, en la que se desplaza una pareja, ella valenciana y el italiano, vendiendo pan fresco y bollería casera. Son dos transmundistas y esta es su forma de subsistir mientras viven en esta isla. Cuando el Vitamina está fondeado aquí vienen también a charlar un rato, pero justo para no distraerles del objetivo principal de su navegación por la bahía: la venta de productos de panadería.



Aunque ambos están pensando en hacer una pausa, viajando unos meses a España, para volver a St. Martin a montar un pequeño negocio en tierra firme. Les hemos comprado croissants para el desayuno, ya que ayer habíamos comprado pan, y éste sigue estando bien.

Por eso, en el desayuno de hoy, ademas de la fruta tropical y el pan con jamón y embutido, también hemos tomado croissants.

Armando ha estado haciendo sus bolsas de viaje ya que a mediodía desembarca definitivamente al regresar por la tarde a España. A las 12.45 HRB hemos ido en el dinghy hasta el muelle. Primero ha llevado Ignacio a Armando con sus bolsas de viaje, para que éstas no se mojaran dada la pequeña ola que hay hoy en la bahía, como podría haber sucedido con los cuatro a bordo. En un segundo viaje, hemos ido los otros.



Ya en tierra, lo primero ha sido guardar las bolsas de Armando en el maletero del coche de alquiler, que estaba aparcado en el paseo marítimo cerca de los tenderetes de ropa.



Y a continuación nos hemos dirigido a un restaurante que está en el mismo paseo marítimo, el "Bistro de la Mer". Al entrar en su terraza hablando en español, una pareja que estaba comiendo en una de sus mesas nos ha preguntado si eramos españoles. Ellos eran una pareja de San Sebastian que llevaban ya cuatro meses aquí. Cada año pasan siete meses en estas islas, bien en su barco o en casa de una hija suya que tiene una tienda de moda en Gustavia. Estaba clara la necesidad que tenían de hablar en español fuera de su entorno familiar. Después de una buena charleta, Ignacio, Armando y yo nos hemos sentado en una mesa para poder comer antes de salir hacia el aeropuerto, mientras que Susana se ha quedado hablando un rato mas con la mujer. Este mundo es un pañuelo, y enseguida se encuentran lazos con terceros conocidos por ambas partes.



El marido, este guipuzcoano, nos ha recomendado el cochinillo al horno de hoy, y eso hemos pedido dos de nosotros, mientras los otros dos se han decantado por el mahi-mahi o la lasaña.



A las 14.45 HRB hemos salido hacia el aeropuerto internacional, donde hemos dejado a Armando después de haber facturado el equipaje. Al regresar hemos visto el gran atasco que había en el puente levadizo del canal holandés, por lo que hemos dado un rodeo por la zona de Basse Terres y llegar así con calma a Marigot.



La tarde ha sido muy tranquila, con una pequeña siesta en la bañera, seguida de un chapuzón en la bahía. Y después un gin-tonic con partida de ajedrez incluida. Ignacio me ha estado comentando el peligro que existe, también en estas islas, de robo de dinghies por la noche, cuando éstos se dejan en el agua sin izarlos a sus pescantes.

Hoy la cena ha sido ligera, a base de picoteo.

Singladura num. 19 Rumbo St. Martin

A las 08.10 HRB hemos puesto motores en marcha para iniciar la maniobra con el ancla. Ignacio ha ido a proa, donde aparte de limpiar la cadena con la manguera según aquella va subiendo, me va indicando la dirección de la que tira la cadena en cada momento, y hacia la que he de virar. Esta maniobra, incluso en fondeaderos muy ocupados y con mala mar, se hace muy bien con la ayuda de los dos motores, y no con el timón, que es lento en reaccionar. Ignacio y yo nos compenetramos muy bien, y la maniobra nos sale perfectamente.



Diez minutos después estábamos fuera del campo de boyas de la rada de Gustavia, quitando motores a las 08.30 HRB tras izar mayor con un rizo y génova. Había un buen viento, y del SE lo que era perfecto para nuestro rumbo a St. Martin.

A las 10.00 HRB el viento era de 22 nudos, del SE, teniendo marejada por la aleta. Estábamos en So(17º 58´,7 N, 062º 58´,0 W), con rumbo 310º y velocidad de 5,5 nudos. El navegar a vela es una maravilla, que compensa muchas, muchas horas a motor. El hecho de no tener mas ruido que el del viento y la mar al ser cortada por la roda, es fantástico. Esto es disfrutar de verdad de una navegada.


Aunque he intentado librar la Pointe Blanche, al Sur de la isla, no hemos tenido mas remedio que dar un bordo a las 10.40 HRB, cambiando al 240º. Estos bordos los hemos tenido que repetir un par de veces.



Al fondo hemos visto muchos veleros en regata, la Heineken Regata, de larga tradición en esta isla. En una regata en la que se diferencian varias clases de barcos, cada una de ellas con su propio campo de regatas.

A las 13.05 HRB hemos arriado génova, metiendo motor ya que estábamos muy cerca de los bajos de Pointe Basse Terre, en la península de Terres Basses de St. Martin.



Al aproximarnos a la bahía de Marigot, nos hemos acercado a un par de campos de regata, con los veleros navegando a su máxima velocidad. Han sido momentos delicados, pues estábamos adentrándonos en esos campos, y esto hay que evitarlo.



De hecho Ignacio ha tenido que acercarse mucho a los bajos y al acantilado que existen en torno a esa península para no estorbar, o al menos poco, a los barcos en regata.



Ha habido momentos de bastante tensión, ya que el rumbo de algunos de esos barcos era de colisión con el nuestro. De no haber sido por esa circunstancia, la imagen de esos barcos en regata era preciosa, y nosotros estábamos en un lugar privilegiado para ver la evolución de los distintos equipos.



Había uno de esos campos que entraba incluso en la bahía, donde los barcos en ella fondeados se había desplazado hacia dentro, situándose mas cerca de la bocana de la marina Port St. Louis y hacia el paseo marítimo de la ciudad.



A las 14.20 HRB hemos fondeado en la bahía de Marigot, cerca de la marina Port St. Louis, en So (18º 04´,1 N, 063º 05´,5 W).

Esta navegada de hoy ha sido una auténtica gozada. Nos ha dejado ese buen sabor de boca, que uno recuerda durante muchos años.



A las 14.45 HRB hemos comido, volviendo a tomar solomillo a la plancha, precedido de guacamole y de una crema de calabaza. Para beber, un rioja.

Después de descansar un par de horas, hemos decidido ir a cenar al "Bamboo", ese asiático en Maho al que ya hemos ido en otras ocasiones. Como yo estaba preparado un poco antes que los demas, Ignacio me ha acercado al muelle a las 18.20 HRB, regresando al barco a buscar a Susana y Armando.

Hemos llegado al restaurante a las 19.02 HRB, justo cuando había terminado el Happy Hours. Por ello, nos hemos dirigido inmediatamente a la joven camarera italiana, que nos suele atender, y ella nos ha llevado a un aparte, donde está el terminal de ordenador en el que introduce las comandas, Allí ha entrado en su página y, por ser clientes habituales, nos ha tratado como si todavía estuviéramos en Happy Hours. Hoy hemos tomado "lo de siempre": crispy calamari, yucca fries, dumplings, wings de pollo y rollos y sushi de varios tipos, acompañando todo esto con cerveza, sake y mojito.

A las 21.25 HRB hemos regresado a bordo, tras un intenso día.