martes, 18 de abril de 2017

Día num. 22 Recorrido por la isla de St. Martin

La duda que hoy teníamos era si navegábamos hasta Anguila para visitar la isla, o recorríamos St. Martin por el interior. Mañana es mi último día a bordo y la primera opción era un poco precipitada. En efecto, ello hubiera supuesto hacer temprano el despacho de salida aquí en Marigot, hacer después el de entrada y el de salida en Anguila y mas tarde otra vez el de entrada en St. Martin. 


Todo esto supone una pérdida de tiempo, lo que para un día no compensaba, aun estando Anguila a pocas millas de Marigot. Este es uno de los problemas, en mi opinión, de las Antillas Pequeñas, las cuales que pertenecen a distintos países cada uno de los cuales exige el cumplimiento de dichos procedimientos marítimos.



Después de tomar la decisión de recorrer St. Martin, hemos desayunado zarpando en la zodiac a las 09.30 HRB hacia el muelle.



En primer lugar nos hemos dirigido en el coche a Philipsburg, la capital de la parte holandesa de la isla. Hasta la línea de frontera entre ambas zonas, la francesa y la holandesa, el tráfico iba muy bien, pero nada mas pasar esa línea empezó el habitual atasco de la mañana en esa carretera.



En Philipsburg hemos aparcado, con ayuda de un viejo hombre de la seguridad local, en la calle comercial principal. De ahí hemos ido directamente al paseo marítimo ya que era bastante pronto y el Sol todavía no pegaba mucho.




Allí hemos paseado, viendo la playa y los dos largos terminales de cruceros del puerto, todo ello vacío a esa hora de la mañana.



Donde sí había gente era en los chiringuitos cercanos a la playa, en los cuales estaban desayunando esos turistas.



Cuando hemos llegado a la altura en la que la calle comercial se hace peatonal, hemos pasado a ella. Es donde están las joyerías y tiendas de electrónica, además de algún restaurante, edificios administrativos como los juzgados, y alguna iglesia. 



Las tiendas de esta calle viven del turismo, tanto del que se aloja en hoteles y resorts, como del que llega en cruceros. Hay días en que hay tres o cuatro cruceros atracados en sus terminales del puerto. Hemos entrado en varias de las tiendas de electrónica sin encontrar los accesorios para la cámara de vídeo que llevamos días buscando.



Después nos hemos sentado un rato en una terraza para tomarnos tranquilamente una cerveza, antes de proseguir nuestro periplo. La calle comercial está justo a espaldas de la playa, y desde ésta llega por los callejones, que comunican ambas vías urbanas, una agradable brisa a aquella.



Tras el aperitivo hemos ido por la costa Este hasta Oyster Pond. En esa pequeña bahía se encuentra la linea divisoria entre la parte francesa y la holandesa. Esta línea atraviesa una marina en la que existen casas con embarcadero propio. Al lado de dicha marina está una conocida terraza a pie de playa, la del "Captain Oliver", que hoy estaba llena de gente a la hora que hemos llegado.



Al no encontrar un buen sitio en ese chiringuito, hemos continuado hacia el Norte, parándonos en el puesto de observación de la reserva natural de Baie des Flamands. Desde él se pueden observar aves muy diversas y también ballenas en su época de paso.



También se divisa desde esta posición la isla de St. Barth, y delante de ella Fourchue, la isla donde recalamos hace unos días. En esta costa de levante el viento estaba subiendo y la mar también. Por el Norte venía, además, un importante frente nuboso.



La siguiente parada ha sido en Orient Bay, bahía que está algo mas al Norte. En concreto hemos ido al restaurante "Waikiki". Este es un restaurante-"bar de copas" a pie de playa, en el que hay un buen buffet de lunes a viernes, y de 12 h a 15 h. Después de esa hora y en fines de semana, es un bar de copas de mucho éxito.



En él hemos comido espléndidamente. Nuestra idea inicial era bañarnos en la playa antes de comer, pero cuando hemos llegado se ha levantado un vendaval, que lanzaba la fina arena de la playa contra los ventanales del Waikiki. Y ha empezado a llover.



Tras la comida y dejar de llover, hemos ido al coche para regresar a Marigot. Nuestra sorpresa, desagradable sorpresa, ha sido que el motor no arrancaba: se había quedado sin batería. En ese momento ya no quedaban muchos coches en ese apartado parking. A la primera persona, un hombre, que ha ido a por su vehículo al parking, le hemos pedido ayuda, pero nos ha dicho que él no llevaba cables para unir su batería a la nuestra. Y al ser nuestro coche automático no podíamos arrancarlo a base de empujarle.



El siguiente hombre que ha llegado al parking, y al que le hemos pedido ayuda, sí tenía esos cables. Tras varios intentos fallidos, ha terminado arrancando nuestro coche. A partir de ese momento, ya no hemos quitado el motor en ninguna de nuestras tres siguientes paradas, antes de llegar al parking del paseo marítimo de Marigot.



A las 16.30 HRB hemos embarcado de nuevo. El resto de la tarde lo hemos pasado tranquilamente a bordo, leyendo, oyendo música y charlando.

Hemos visto como algunos barcos levaban ancla y pasaban el canal en el puente de la tarde. Al no ver fondeado el catamarán de aquel amigo empresario español, con el que nos encontramos en la zodiac hace días al regresar de Port Royale, Susana le ha llamado. Él le ha dicho que la predicción meteorológica para mañana es bastante mala, por lo que han preferido refugiarse en la laguna interior. Nosotros hemos decidido esperar a ver como amanece mañana y decidir después lo que hacer.

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