sábado, 15 de abril de 2017

Singladura num. 16 Arribamos a Grand Case

Durante toda la noche pasada el viento no ha bajado de 16 nudos, pero gracias a haber cambiado el barco de fondeo no se ha movido mucho. A las 08.00 HRB el viento era de esos mismos 16 nudos, del NE y teniendo marejadilla. La presión estaba en 1019 mb, valor en el que se ha mantenido, mas o menos, en estos tres últimos días.





Hoy he tenido mas tiempo para leer antes de que se levantara el resto de la tripulación, ya que ésta no ha subido a cubierta hasta las 10.00 HRB. Anoche habíamos decidido aprovechar el que hoy es día de mercado y comprar, en la lonja del paseo marítimo, un mahi-mahi fresco para la comida de mediodía. 



Después del desayuno Armando y yo hemos botado la zodiac, dirigiéndonos al muelle. Eran las 11.30 HRB cuando hemos llegado a esa pequeña lonja encontrándonos con las piletas, en las que se coloca el pescado, vacías, estando limpiándolas el pescadero. Ya se había vendido todo.



Para nosotros esto ha sido descorazonador, pues se habían roto nuestros planes para hoy. Normalmente en esa lonja no se vende todo el pescado antes de las 12.00 h, pero hoy parece que había mas interés en el pescado que de costumbre.



A la vista de ello, hemos vuelto al muelle pasando por los tenderetes que se ponen todos los días en el paseo marítimo.



Algunas fachadas de los edificios cercanos al muelle muestran, incluso a pie de calle, unas bonitas pinturas que reflejan el sugerente e idílico mundo caribeño.



A las 11.45 HRB estábamos de nuevo a bordo. A pesar del viento, como seguíamos teniendo solo marejadilla, hemos decidido zarpar rumbo a la Bahía de Grand Case, al Norte de la isla.



A las 12.10 HRB hemos levado ancla, costeando con rumbo a aquella bahía. Hemos llegado una hora después, fondeando en la posición (18º 06´,3 N, 063º 03´,5 W). Nada mas parar motores hemos visto, a estribor, una tortuga que nadaba muy cerca nuestro.



La comida de hoy, bastante diferente a la imaginada ayer, ha consistido en ensalada mixta con feta, berenjenas rellenas de champiñón, salchichas a la plancha y estofado de ternera. Para beber hemos tomado un Matsu, "El Recio", ese estupendo vino de Toro, que el capitán llevaba en su bodega desde que zarpó de España hace ya año y medio.



Después de esta copiosa comida yo me he tumbado una larga siesta en el camarote.



Al salir de nuevo a cubierta, el viento era de 20 nudos, y teníamos marejadilla incluso dentro de la bahía. El pueblo de Gran Case es un pueblo con encanto, bastante visitado por turistas, ya que esta situado relativamente cerca de la zona en la que existen varios resorts turísticos. En él existen buenas boutiques y también buenos restaurantes y bares de copas.

Esta bahía esta cerca del aeropuerto francés de la isla, con tráfico de helicópteros y pequeños, y medianos, aviones de compañías que operan entre estas islas de las Antillas.



A las 18.10 HRB Ignacio y yo hemos ido en el dinghy al muelle, para tomarnos unos mojitos en un conocido chiringuito. Al llegar al pantalán, y saltar yo a tierra, tres francesas han abordado a Ignacio preguntándole si les podía acercar a su catamarán ya que el marido de una de ellas se estaba retrasando en ir a buscarlas. 



Naturalmente él las ha llevado encantado a su catamarán. Al volver, ha amarrado la zodiac junto a otros botes. El balón de babor de nuestro chinchorro estaba un poco bajo, pero no nos ha parecido que ello supusiera mayor problema.



De ahí hemos ido a "Calmos Café", ese conocido chiringuito a pie de playa. Por la noche éste es un bar de copas con mucha actividad. Allí nos hemos tomado sus célebres mojitos, charlando tranquilamente sobre muchos temas, temas que a ambos siempre nos han interesado. Hora y media después, Ignacio ha ido a recoger a Armando al barco, pues Susana ha preferido quedarse esta noche a bordo.



Cuando han vuelto, hemos paseado por el pueblo antes de ir a cenar. Ambos conocían un restaurante, pequeño pero con una buena cocina, a la que nos hemos dirigido: el "Royale Oyster". Se trata de un restaurante agradable, muy bien montado y con buena decoración, donde además de ostras de Arcachon se puede tomar jamón y chorizo ibéricos. La carta es pequeña, con una cocina sencilla, pero de calidad. Para cenar hemos tomado sopa de pescado, unas ostras pequeñas, patas de cangrejo, y salmón ahumado. Para beber un vino blanco de Nueva Zelanda, que no estaba mal. La cena ha estado muy bien, hasta la llegada de la cuenta. Ésta mostraba el coste total pero sin identificación de la unidad monetaria a la que se refería. Al estar en zona Euro, hemos supuesto que la cuantía iba en euros, y hemos dado 200 €. Al traernos la vuelta, la diferencia que había a nuestro favor, nos han traído USD, diciéndonos que es que no disponían de euros para esa vuelta. El cambio €/$ es hoy en día un 7% favorable al euro, lo que significaba que ganaban "adicionalmente" un 7% al devolvernos en $ dicha diferencia sin aplicar el cambio oficial entre ambas monedas. No entendíamos el argumento que nos habían dado, y no nos gustaba su forma de actuar. Por ello hemos pedido que nos devolvieran nuestros euros, ya que teníamos dólares para pagarles en dicha moneda. Y así ha sido. Siempre me ha parecido mal la picaresca. Se trata una mala, pésima, práctica que daña la imagen de un establecimiento.

Eran ya las 22.00 HRB por lo que nos hemos dirigido directamente al muelle de dinghies. Al acercarnos por el pantalán no veíamos nuestro bote, y lo primero que hemos pensado era que alguien se lo había llevado. Sin embargo, cuando hemos llegado al lugar donde lo habíamos amarrado, hemos visto que por debajo del pantalán sobresalía el motor, estando el resto de la zodiac debajo. Al estar poco hinchado el balón de babor, y dado el oleaje que había, los otros botes allí amarrados habían empujado a nuestro dinghy hasta meterlo debajo del pantalán. El bote estaba lleno de agua, con veinte centímetros de altura, el depósito de gasoil boca abajo y la carcasa del motor partida, al haber estado golpeándose contra el pantalán. 



El panorama no era tranquilizador ya que no sabíamos si el motor iba finalmente a funcionar. Ha habido que achicar el agua, con ayuda de dos achicadores, el nuestro y el de una zodiac vecina. En ese momento ha llegado el dueño de esa otra zodiac cuyo achicador estábamos utilizando, pues tenía que llevar a su pequeña hija al barco. Le hemos pedido que a su vuelta, si conseguíamos poner en marcha el motor, nos siguiera de cerca hasta nuestro catamarán por si acaso aquel se nos paraba. No estábamos seguros de si había entrado agua en el depósito de gasoil, o no. Tras varios intentos ha arrancado el motor, y hemos soltado amarras. Escoltados a poca distancia por ese amable navegante hemos llegado al barco a las 22.40 HRB. 



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