martes, 25 de abril de 2017

Epilogo

Llega el momento de hacer un resumen de la travesía, y concluir así este blog. Como ya he dicho en anteriores ocasiones, la preparación de los epílogos me lleva cierto tiempo, algo mayor al de la narración de las distintas singladuras, debido a que no tengo en mi cuaderno de bitácora notas preparadas para ello. Pero creo que es conveniente cerrarlo con un breve capítulo sobre la experiencia vivida, y ya comentada, que en este caso ha sido por aguas caribeñas.

En primer lugar quiero agradecer a Ignacio OdM y a Susana O la cariñosa invitación para compartir con ellos, de nuevo, una travesía en su catamarán Vitamina. En esta ocasión han sido tres espléndidas semanas las que hemos estado juntos. Siempre es un placer encontrarse con viejos y entrañables amigos, a los que me une un bonito pasado. Y si ese encuentro se produce a bordo de un barco y navegando, el placer es muchísimo mayor. Muchas veces he comentado el privilegio que supone para mí el tener amigos como Ignacio y su mujer.

También quiero agradecer, y de una forma muy especial, a Armando GO por sus magníficos vídeos, que me han permitido sacar buenos snapshots, tanto sobre la vida submarina como en superficie. Sin esas imágenes, que tan amablemente ha aportado él al blog, éste hubiera quedado incompleto. Armando tiene un gran dominio de la cámara, con una larga experiencia de casi cincuenta años. Muchas han sido las cámaras de cine y de vídeo que ha manejado en esos años, desde la mítica Beaulieu de los años sesenta y setenta hasta la actual Hero4. Para mí ha sido fantástico el compartir esta travesía con una persona como Armando.

Toda esta tripulación no solo tiene una gran experiencia como navegantes, sino también una interesante actitud vital. Esto unido al magnífico sentido del humor de ellos, ha hecho que esta travesía haya sido una experiencia memorable. En total hemos recalado en una docena de islas e islotes de las Pequeñas Antillas. Por supuesto, como refleja bien el croquis adjunto, han quedado sin ser visitadas otras islas al igual que otras calas en esas mismas islas en las que sí hemos recalado.


El Caribe suscita muchas fantasías en las personas de nuestro entorno geográfico, fantasías que a veces son encontradas entre sí. Por un lado, tenemos la fantasía de las islas caribeñas como auténticos paraísos, como lugares en los que existe "el placer de forma ilimitada", es decir, la dolce vita o el dolce far niente. Por otro lado, en nuestra retina surgen las imágenes de destrucción debidas a devastadores meteos, como son los huracanes de la época estival. O también las de tremendas erupciones volcánicas, que en ocasiones asolan estas islas, de origen volcánico. A todo ello se añade el recuerdo de su pasado como islas refugio de piratas y corsarios en los siglos XVI a XVIII. Aquellos piratas eran encarnizados enemigos de los intereses españoles en el Nuevo Mundo, abordando a lo largo de aquellos siglos numerosos galeones españoles en su derrota hacia la Península. Aquel tipo de piratería genera sentimientos ambivalentes, de anarquía y destrucción por un lado, pero también de "romántica" oposición frente al "sistema vigente", por otro. Hoy en día la piratería que existe en las Antillas meridionales ya no genera, en absoluto, esa simpatía entre los navegantes, pues ahora son ellos sus víctimas. Y esto ya no tiene gracia alguna.

Todas esas fantasías tienen un nexo común: la vivencia expansiva, libre de las constricciones que nos impone la vida actual. El lado positivo de esa fantasía, de ese sueño, es la búsqueda de nuevas experiencias de bienestar personal. La "otra cara de la luna" de esa dolce vita es mas negativa y de carácter mas destructor, pero procuramos obviarla. En general, el placer pesa mas que el displacer, gracias a lo cual está mas extendida la búsqueda de mundos míticos positivos, aunque éstos se encuentren fuera de nuestro horizonte natural. El Caribe es uno de esos mundos míticos soñados, deseados.


Centrémonos ahora en el Caribe como zona de navegación. Mi experiencia en estas aguas se reduce a esta travesía, que además ha tenido lugar en su época seca. Ello no significa, como he comentado en alguna de las singladuras, que no se den fuertes chubascos o que muchas noches no deje de llover. Pero comparada esta época con otras épocas del año, ésta que hemos vivido es bastante mas seca. Esta es una diferencia respecto al clima mediterráneo, que es mucho mas estable, y mas seco. La lluvia en el Caribe convierte a sus islas en vergeles, con vegetación muy tupida.



Aunque en el interior y en los altos, en los montes, de las islas existen edificaciones y pueblos, los núcleos de población mas importantes se encuentran en general en la costa, en torno a playas o calas. Con frecuencia esos núcleos solo constan de un par de líneas de edificios a lo largo de dichas playas, separados entre sí por un camino o carretera. La vegetación que existe tierra a dentro es tremendamente tupida. Cuando veíamos esa vegetación nos imaginábamos a aquellos marineros que desembarcaban en condiciones precarias por primera vez en estas islas, allá por finales del S.XV o principios del S.XVI. No tenían otra alternativa que abrirse paso a machetazos, y seguro que ésto con mucha dificultad.



Las edificaciones suelen tener fachadas muy coloridas, con ese estilo "caribeño" que todos conocemos. Muchos de los edificios recuerdan al pasado colonial de estas islas, siempre bajo dominio de alguna potencia europea.



El mar del Caribe tiene una ola mas alta, algo mas alta, y mas larga que el oleaje existente en el Mediterráneo. A pesar de su proximidad al Atlántico, en el Caribe no existen mareas relevantes. Sin embargo, sí existen corrientes marinas en los pasos y canales entre islas, lo que se debe a la orografía de las costas de dichas islas y de sus fondos.



Sus costas no son, en general, "costas limpias", existiendo muchos bajos y arrecifes. Muchos de ellos emergen a la superficie, pero otros muchos no. Bastantes de esos bajos, o arrecifes bajo la superficie, están bien balizados, y todos están marcados en las cartas náuticas, tanto impresas como electrónicas. A pesar de ello, su existencia supone un riesgo para la navegación, complicando la aproximación a islas y fondeaderos.



Los fondos suelen ser coralinos, por lo que están protegidos, con prohibición expresa de anclar en muchos fondeaderos. En dichas calas existen boyas a las que amarrar el barco, aunque a veces en número insuficiente para la actual afluencia de barcos a ellos.



En relación a la fauna, el Caribe es un mar vivo, muy vivo, con multitud de especies marinas. Los corales que cubren los fondos sirven de refugio a estas especies. Y en los arrecifes se pueden observar, a poca profundidad, infinidad de peces, y para ello solo hace falta el snorkel, la tuba. Dado ese carácter coralino de los fondosel paso de algún temporal, mas o menos intenso, enturbia el agua al quedar durante días polvo coralino en suspensión. En los fondos de arena, al ser ésta mas pesada, tras esos temporales aquella se deposita en el fondo con mayor rapidez, quedando antes transparente el agua.




El turismo náutico en el Caribe está muy desarrollado, existiendo numerosas, y grandes, marinas en las islas principales. Por ello, es difícil encontrar una cala solitaria, libre de barcos. Aquí no existe, prácticamente, esa soledad en el fondeadero que con frecuencia buscamos los navegantes

El Caribe tiene una característica que comparte con el Mediterráneo oriental, el Egeo: en ambos se da la circunstancia de navegar siempre, o casi siempre, con alguna isla a la vista. Esto le convierte en un mar muy adecuado para pequeñas travesías de una semana o semana y media de duración, ya que en ese tiempo es posible conocer varias islas, y fondear en calas diferentes. Esto es especialmente cierto en el archipiélago de las islas Vírgenes. 



En el caso del resto de las Antillas, aunque con frecuencia estén situadas las islas a pocas millas - menos de treinta millas - unas de otras, el hecho de que cada isla pertenezca a un país diferente dificulta la movilidad entre ellas. Esto se debe a que cada uno de esos países exige el despacho de entrada, y después el de salida, a los barcos que entran en sus aguas. Esta es una situación semejante a la existente en el Egeo, donde existen islas griegas a pocas millas de la costa turca. Tanto en uno como en otro caso, yo echo en falta la existencia de acuerdos internacionales entre países limítrofes que posibiliten una fácil navegación entre ellos. Sin embargo, esto me parece una utopía a la vista de la actual situación política internacional.



La población de estas islas es amable, muy amable, cuidando al turista, ya que son conscientes de que estos constituyen su fuente de ingresos. Existen dos tipos diferentes de caribeños, los isleños propiamente dichos y los inmigrantes europeos o americanos, que se han afincado en estas islas, con negocios en ellas. El contacto que, a mi al menos, me parece mas cercano y mas fluido es el que se da con esos inmigrantes. Los isleños permanecen algo mas distanciados, aunque el encuentro con ellos también es amable.

Como en todos mis blogs, los materiales que he utilizado para escribir las distintas singladuras son las notas diarias de mi cuaderno de bitácora, las fotografías tomadas en esos días, y croquis elaborados a partir de cartas náuticas y derroteros. En este caso también he incorporado numerosos fotogramas que Armando me ha proporcionado con sus vídeos.






2 comentarios:

  1. Enhorabuena y gracias por compartir tus experiencias de un modo tan descriptivo y didáctico.
    Aunque lo que más os guste, sin duda, sea navegar y a vela, es muy evidente lo bien que os cuidáis a todas horas. De acuerdo a tu relato no os habéis 'saltado ni una sola toma.
    Lo dicho, gracias y un abrazo

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  2. "Hoy en día la piratería que existe en las Antillas meridionales ya no genera, en absoluto, esa simpatía entre los navegantes, pues ahora son ellos sus víctimas. Y esto ya no tiene gracia alguna".
    .
    WOW!!!!!!
    Me encanto!

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